Pues aquí estoy yo, sólo en casa.
Puta crisis, toda la vida currando y de repente ya no lo hago. Ahora soy un parado más. Un amo de casa. Podría buscar trabajo, pero no me apetece. Me apetece quejarme. Y me quejo, vaya si me quejo. Aunque nadie me escuche, yo me quejo.
Suena el despertador a las 7, como siempre; yo soy un parado que se queja, pero mi mujer no es una parada, ella no. Ella trabaja; y mucho; así que ahora yo soy el amo de casa. yo limpio, yo compro, yo cocino, yo me encargo de la casa. Soy todo un amito de mi casa. Y me quejo, todo el tiempo.
Preparo los desayunos, café, leche, colacao, bollitos, tostaditas, mantequillita, mermeladita ;sin azucar, por supuesto; y todas esas cosas. También preparo la ropita de los niños, y la de mi mujer, bueno, sólo le preparo la ropa interior, cambio unas vulgares bragas de algodón por un sugerente, sensual y bastante sexi tanga negro que le compré ayer. Seguro que cuando salga de la ducha protesta, que por qué me gasto dinero, que por qué le compro otro tanga, que ya tiene montones, que qué bonito es, que vale, que me lo pongo.
Ya se ha ido a trabajar, trabaja mucho, gana bastante y yo debería estar contento. Pero me quejo, continuamente, todo el tiempo. Porque sí, porque quiero quejarme.
Los niños en el colegio.
Y yo aquí. En casa. Ya he vuelto del cole. Ya estoy conectado. Viendo porno. Sólo fotos, las películas y los vídeos no me gustan demasiado. No entiendo muy bien por qué, pero así es. Debería quejarme también por eso. O no. Da igual en realidad.
Todas esas chicas cumplen su cometido. Tengo una gran erección. Sexo anal. Decido masturbarme. Sexo anal. ¿Nunca te has metido un dedo en el culo al hacerte una paja? Yo he oido eso en alguna parte. Sí, claro que me he metido un dedo en el culo al masturbarme. Es una extraña sensación. Placentera y extraña. No sé en que orden.
Nunca me masturbo delante del ordenador. Voy a mi/nuestra habitación. Busco el lubricante. En el cajón de su ropa interior. Donde guarda todos los sexis tangas que le he ido regalando. Debe haber dos docenas. Quizá tres. Allí está. Entre bragas y sujetadores, tangas y corpiños, ligueros y medias. El lubricante. Y una bolsita de seda. Al final del cajón. Olvidada.
Posiblemente hayan pasado dos o tres años desde que le regalé las bolas chinas. Posiblemente no me haya contado si las ha usado sóla. Es que no me gustan. No me dan gusto. No siento mucho. Me molesta al metérmelas. y allí están. Olvidadas.
Cojo la bolsa. La miro y la miro. Sopeso el tamaño.
Siempre me quejo. Puedo quejarme un poco más.
Efectivamente, duele un poco al entrar. No sé muy bien por qué pero sólo meto una. Y me pongo a caminar. Terriblemente excitado. Con una gran erección.
Tiene que metérselas y moverse. Caminar. Así las bolas de dentro chocan entre sí y da más placer.
Me pongo a hacer las camas. Recojo la habitación de los niños. El movimiento de la bola dentro de la bola dentro de mi culo me está volviendo loco. Un enorme placer. Pongo música. Empiezo a bailar. Preparo la comida; cocido; no paro de moverme, desnudo por la casa, con una bola dentro y otra fuera. Me acaricio la polla continuamente. De vez en cuando tiro un poco de la cuerda y la bola casi llega a salir. Más placer. Sigo acariciándome. Decido no masturbarme todavía. Quiero seguir experimentando. Subo la música. Bailo y el golpeteo de la bola dentro de la bola dentro de mí me excita más y más.
Decido meter la otra bola. Un poco más de dolor; excitante dolor. Y sigo moviéndome.
No, el placer no ha aumentado. Decido sacarla. Voy al bidé. Saco las dos.Como sospechaba. Están llenas de mierda. Y al sacarlas ha caido un pegotillo de mierda en el bidé. Lo limpio todo. Afortunadamente no huele demasiado mal.
Me limpio y vuelvo a empezar. Sólo una. Vuelve la erección, y esta vez sí. Me masturbo y grito como un animal al correrme. Qué extraño placer.
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